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¿Has leido algún relato corto o algún poema?
Aquí encontrarás la posibilidad de leer relatos cortos y disfrutar con las palabras de los poemas. Simplemente siéntate y relájate.
Sintiendo las finas líneas de mí corazón palpitar de amor
con profeso deísmo como se profesa a Dios
... Y me pierdo en mis cándidos sueños llenando todo mi tiempo
moldeando risas en el cielo, unida siempre a tus recuerdos
aflorando en mí inquietos sentimientos
Así comencé a quererte, con las sacras horas de adorarte en silencio
y aun así haciendo fluir destellos que arropan mis versos y es que antes de tenerte en mis brazos, tus besos amanecieron en mis labios buscando ser razón
del límpido sol que vierte sus oros en mi corazón
Así comencé a quererte, sin haberte visto, como aura visionaria de hada
viéndote en mis sueños cada mañana, con la claridad de la brisa soplando en mi ventana
Así comencé a quererte, con el albor sutil asomándose en mi frente,
con la madrugada en mis labios yaciendo dulcemente,
como si hubiera esculpido tu imagen en mi mente para amarte por siempre con la salve musa de un corazón adolescente.
Así comencé a quererte.
Dejó sus flores junto a las demás, no eran crisantemos. Eran rosas, rosas de papel, de papel de periódico, hechas con sus propias manos. Siempre había dicho que el verdadero amor se demuestra en los pequeños detalles que se ofrecen sin más. Eran rosas, rosas de papel de periódico. Las dejó serio, triste, sin una lágrima. Las había gastado hacía tiempo, cuando la angustia de perder al ser querido le secó el corazón.
Recordó lo difícil que es aprender a amar.La belleza de unos ojos brillantes, de una sonrisa, de una leve carcajada y de la piel fina. El olor a ser querido y la caricia en la sien.
Recordó los momentos amargos. La ira, la rabia, la impotencia y la ilusión del reencuentro. Ese beso, acaso abrazo, que se escapa a la voluntad y renace la esperanza, ese roce de manos, esa mirada clara y pura, ese ser querido.
La angustia del desamor reapareció en su cuerpo, su corazón empezó a palpitar descompensado, la frente se le humedeció con un sudor gélido y en su cara apareció una mueca que desfiguró su seriedad permanente. Ni el paso del tiempo podía borrar su mayor frustración, todavía no entendía lo sucedido, y moriría sin una respuesta.
Empezó a llover. Miró hacia el cielo gris buscando por última vez el consuelo del ser amado. Una gran gota golpeó dulcemente en su frente, se deslizó pausada hacia su sien, su sien izquierda, la favorita de su amada. Allí se detuvo. Con nostalgia acarició esa sien, era esa caricia que nunca había olvidado. Un frió intenso recorrió sus venas, y su cuerpo se transportó a los momentos de placer e intensidad vividos antaño.
La gota cayó sobre las rosas, rosas de papel, de papel de periódico. Una de ellas se abrió, como se abren las flores con el roció, mostrando la lúgubre noticia que les había reunido. El conocía al culpable. Ella, solo ella. No había soportado la presión. Aún así la seguía amando con pasión, y no podía defraudarla en el último momento. Ella, solo ella.
